Peces

Peces

Víctimas de las redes de los grandes buques pesqueros, atravesados por el anzuelo de una caña de pescar o explotados y asesinados en las piscifactorías (granjas de peces), un número incalculable de estos sensibles animales son diariamente ejecutados para consumo humano.

Muchos peces sufren dolorosas muertes cuando el efecto de la descompresión hace estallar sus órganos internos al ser izados de las profundidades del mar. Otros mueren lentamente por asfixia en la superficie o son destripados aún con vida. Y aquéllos que se encuentran recluidos en piscifactorías son asesinados con métodos que causan un gran sufrimiento, como la electrocución, la muerte por shock térmico en agua con hielo o mediante golpes en la cabeza.

A pesar de su aspecto externo y de la extendida creencia de que presentan escasa complejidad y capacidad sensitiva, la investigación científica ha puesto de manifiesto que los peces poseen complejos sistemas nerviosos y sofisticados receptores sensoriales que transmiten la información al cerebro generando intensas experiencias y sensaciones de dolor, miedo, ansiedad o bienestar.

Los peces exhiben, además, personalidades diferenciadas y elaborados comportamientos sociales, llegando a establecer fuertes vínculos con sus congéneres.

Además de los peces, son muchas las especies acuáticas objeto de la depredación humana: crustáceos como langostinos, gambas, camarones, percebes, langostas, nécoras, bueyes de mar, cangrejos, etc.; Moluscos como mejillones, almejas, berberechos, etc. y cefalópodos como pulpos, calamares y sepias.

Esquilmamos los mares y contabilizamos las vidas arrebatadas por toneladas, lo que supone un acto de cosificación extrema de los incontables individuos víctimas de estas prácticas, todos ellos únicos, todos ellos sensibles y con deseos de vivir, como cualquier otro animal.

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