Animales en el laboratorio

Animales en el laboratorio

Las diferencias no existen, se inventan para justificar matanzas. Todos los animales quieren vivir, no son ingredientes de tu dieta. Salva sus vidas, HAZTE VEGANO. Todos podemos ser felices.

Cada tres segundos, un animal muere víctima de la experimentación sólo en laboratorios de la Unión Europea. Varios cientos de millones de animales son utilizados anualmente para este fin en todo el mundo, no estando incluidos en este cómputo todos aquellos animales, criados expresamente para abastecer a los laboratorios, que finalmente no son comprados y que serán igualmente asesinados, considerándolos “excedentes de producción”.

Gatos, perros, primates, ratas, ratones, conejos, peces, aves y animales de granja son algunas de las especies más utilizadas.

Existen empresas especializadas en la cría masiva de animales para su venta como “material de laboratorio”, aunque los experimentadores también se nutren de la captura de animales salvajes así como de perros y gatos en situación de abandono.

Cuatro son las principales áreas de investigación que emplean animales en sus experimentos: la docencia, la industria, la investigación biomédica y la investigación militar.

El empleo de animales no humanos como sujetos experimentales descansa en la asunción de que éstos presentan grandes similitudes con los humanos en su fisiología, su psicología y sus patrones de respuesta a estímulos diversos, lo cual les convierte en modelos válidos de investigación. Aquí radica la gran paradoja de la experimentación animal, pues se les reconoce a otras especies la posesión de capacidades semejantes a las nuestras al tiempo que se justifica la violación de sus más elementales derechos a la vida, a la libertad y a no ser objeto de trato cruel. Así, pese a no poner en duda la capacidad de sentir y la susceptibilidad al dolor y al sufrimiento tanto físico como psíquico de sus víctimas, los experimentadores las despojan de toda consideración moral y las someten a los más aberrantes y despiadados procedimientos.

Los animales de laboratorio viven una pesadilla constante, permanentemente confinados en pequeñas jaulas desnudas sin ningún tipo de enriquecimiento ambiental o elemento de confort alguno. Permanecerán aislados en estas prisiones durante semanas, meses o años, abandonándolas sólo para padecer el siguiente experimento o para ser sacrificados. El encierro, el aislamiento, la privación de estímulos y la tortura sistemática elevan el grado de sufrimiento a sus máximas cotas y conducen a muchos de estos desdichados animales a la locura.

Un elevado porcentaje de los experimentos realizados sobre animales son replicados y repetidos hasta la saciedad sin ninguna variación a lo largo de los años. Así, en universidades y otros centros de enseñanza, se realizan una y otra vez las mismas prácticas de vivisección, cada laboratorio farmacéutico acomete sus propios ensayos para probar el efecto de fármacos que ya han sido testados en infinidad de ocasiones, las industrias de elaboración de productos cosméticos o de limpieza llevan a cabo experimentos redundantes y estériles con cada nueva variación que introducen en sus productos… No sólo asistimos, por tanto, a la condena de millones de vidas inocentes a un sufrimiento inconmensurable, sino que, en muchos casos, su padecimiento y su muerte son completamente inútiles.

A continuación se exponen algunos de los experimentos más habituales:

1. Test de Draize: Consiste en una prueba de irritación ocular que se lleva a cabo, generalmente, con conejos albinos. Éstos son introducidos en cajones de inmovilización de los que sólo sobresaldrán sus cabezas y se procederá a verter en sus ojos las más diversas sustancias (cosméticos, blanqueador de ropa, champú, tinta, detergentes, abrillantadores de suelos…). La operación se repetirá varias veces durante varios días y tras cada aplicación se mantiene el ojo del animal cerrado para maximizar el efecto del producto químico. Diariamente se observan los efectos de éste en la mucosa ocular: hinchazón, ulceración, hemorragias, infecciones y ceguera.

2. Test DL 50: DL 50 hace referencia al propósito del experimento y es la escritura abreviada de “Dosis Letal 50%” o, lo que es lo mismo, la cantidad de sustancia que causará la muerte a la mitad de los animales sometidos a la prueba. A todos ellos se les forzará a ingerir la sustancia mediante sonda nasogástrica, por un orificio practicado en el cuello, por vía subcutánea o intravenosa, por inhalación o por vía rectal o vaginal. Algunas de las consecuencias observadas serán: convulsiones, úlceras, dificultades respiratorias, hemorragias nasales, bucales y oculares, lesiones pulmonares, renales y hepáticas, coma y muerte.

3. Test de sensibilidad cutánea o pruebas de toxicidad termal: Primeramente, se procede al afeitado y rascado de áreas de piel en los cuerpos de conejos, conejillos de Indias, ratones y cerdos. Posteriormente, se vierten sustancias químicas en las zonas de piel expuesta y se observan las reacciones de irritación, ulceración y edemas.

4. Pruebas de toxicidad oral aguda: Se fuerza a los animales a la ingestión de sustancias no comestibles durante días, semanas o incluso meses. Se generan así los síntomas clásicos de envenenamiento como vómitos, diarrea, parálisis, convulsiones y hemorragias internas.

5. Estudios de inmersión: En este caso, los animales son sumergidos en tanques con sustancias nocivas diluidas para comprobar los efectos de respirar dicha disolución.

6. Estudios de inhalación: Los animales son previamente introducidos en cámaras estancas o se colocan en su rostro dispositivos en forma de embudo para forzarles a respirar masivamente todo tipo de productos: insecticidas, anticongelantes, desodorantes, depilatorios, laca, esmalte de uñas, pinturas, disolventes, lubricantes… Las industrias tabacaleras recurren también a este tipo de pruebas supuestamente para estudiar los efectos del humo del tabaco a distintas concentraciones. Perros, pollos, conejos, ratas y primates son víctimas de estos experimentos.

En la actualidad disponemos de las posibilidades tecnológicas necesarias para desarrollar procedimientos de investigación que no involucren animales, ofreciendo, además, una fiabilidad comparativamente superior, pues la extrapolación a humanos de resultados obtenidos en otras especies ha resultado ser fuente de innumerables errores. En cualquier caso, aun cuando no existieran técnicas alternativas, el empleo experimental de seres con capacidad de sentir en contra de su voluntad no sería, en ningún caso, éticamente admisible, pues no existe justificación moral alguna para el sufrimiento infligido a cualquier ser consciente en aras del supuesto beneficio de otros. Asumir la validez de tal presupuesto, supondría, por ejemplo, la legitimación de la experimentación con sujetos humanos de una determinada etnia en provecho de los humanos de otra, tal como, de hecho, ya sucedió en las aberrantes investigaciones biomédicas puestas en marcha durante la dominación nazi.

Todos los animales experimentamos el mismo sufrimiento y compartimos el mismo deseo de vivir. Todos tenemos, por tanto, el mismo derecho a ser considerados sujetos morales y a no ser objeto de atentados contra la vida o la integridad personal.

Rechazar los productos testados en animales es apostar por la evolución de la ciencia en base a parámetros de ética, respeto y fiabilidad, es instar a la utilización de metodologías alternativas que promuevan un verdadero avance científico no sustentado en el dolor y la muerte de millones de víctimas sensibles.