Plumas

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Empleadas como relleno de almohadas, edredones y cazadoras, las plumas de ave constituyen la fuente de lucrativos negocios que tienen a patos y gansos como sus principales víctimas.
El proceso de explotación comienza ya antes del nacimiento del polluelo, cuando los huevos le son sustraídos a la madre para depositarlos en incubadoras. En países como Hungría, Polonia o China, alrededor de las 8 semanas de vida, una vez el animal cuenta con su plumaje adulto, será sometido a su primer desplume en vivo.

Los operarios sujetan a las aves por el cuello mientras arrancan todas las plumas de su cuerpo causándoles un intenso sufrimiento, puesto que los puntos de inserción del plumaje en la epidermis cuentan con innumerables receptores sensoriales que envían al cerebro señales de dolor con cada pluma extraída violentamente.
A fin de maximizar la cantidad de plumas obtenida, apenas el plumaje se haya recuperado, volverá a repetirse este cruel procedimiento. Así, cada pato o ganso será desplumado en cuatro o cinco ocasiones durante su corta existencia. Cuando la rentabilidad del animal descienda, su triste vida de padecimientos será segada en el matadero para aprovechar su carne

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Desplumados de gansos en vivo

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Si bien estas prácticas son ilegales en la Unión Europea, es un hecho que muchas empresas textiles compran las plumas con las que fabricarán sus productos a factorías ubicadas en países donde el desplume en vivo es un procedimiento habitual.

En cualquier caso, la obtención post mortem de las plumas procedentes de animales sacrificados en mataderos, implica, igualmente, sufrimiento, explotación y muerte. Las plumas, lejos de constituir un mero subproducto de la industria cárnica, suponen una parte muy importante de la rentabilidad de la misma.

El consumo de plumas consume vidas.