No estás sola: la salud mental en personas veganas

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Como muchos veganos y activistas animalistas, Sydneysider Lyndsay Doyle  ha experimentado un sufrimiento mental intenso debido a su veganismo.

Luchando contra el dolor por un pasado de relaciones abusivas y tóxicas, Lyndsay se encontró envuelta en la causa animalista para deshacer el dolor. Buscando un significado y un propósito, solo encontró más dolor. Lyndsay gravitaba en torno a personas tóxicas dentro del movimiento. Esto, combinado con la crueldad a la que estaba expuesta, solo amplificaba su dolor. Se sentía inútil y desesperanzada.

Con el tiempo, la ira que sentía se hizo irreconciliable. Una noche, su desesperación culminó en un drástico plan que cambió el curso de su activismo y su vida.

“Mi punto álgido fue cuando intenté hacer daño físico a alguien que estaba dañando a un animal. Si no me hubiese controlado podría haber matado a alguien”.

Momentos como este demuestran lo que pueden llegar a sufrir los veganos. Para Lyndsay, la intensidad de esta experiencia le hizo darse cuenta de que algo debía cambiar. “En aquel momento me di cuenta de que no quería ser así, y que debía apartarme del activismo hasta recuperarme”.

El activismo como vía de escape

Vegana durante 20 años, la experiencia de Lyndsay como activista siempre ha sido complicada. Hace 10 años, tras escapar de una relación abusiva y tóxica, pensó que podría encontrar su sitio en un grupo de activistas al que se unió. “Buscaba ser la heroína de alguien, llenar un vacío y tener un propósito, tras ser una víctima en una circunstancia violenta.” Usaba el activismo como un refugio, para ser útil para alguien…para los animales más explotados y maltratados: los animales de granja. Yendo a manifestaciones y entrando en granjas para rescatar animales, Lyndsay vio cómo su enfado solo aumentaba.

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“Estaba enfadada y llena de odio. Mis emociones me empujaban a relacionarme con gente que estaba en el mismo nivel emocional que yo. Era inestable y quería mostrar mi enfado al mundo. En mí no había ningún sentimiento de felicidad o diversión. Tenía mucho sentimiento de culpa si sonreía, reía o me lo pasaba bien. Me sentía culpable si hacía algo que no estaba relacionado con el activismo animalista, si no estaba luchando por la causa 24 horas al día 7 días por semana, porque los animales nunca tienen un descanso. Ellos sufrían cada minuto del día, y por lo tanto yo tenía que sufrir también”.

Crisis existencial

Aunque las experiencias de Lyndsay podrían ser un ejemplo extremo del estrés al que se enfrentan los activistas animalistas, no es la única. Jeremy Monforte, que también vive en Sydney, ha sido vegano durante dos años, y empezó a sentir esos impactos negativos en su salud mental casi en el momento de hacerse vegano.

“Le hablaba a cualquiera que quisiera escuchar y estaba online en todos los foros relevantes. Estaba apático el 99% del tiempo. Estaba lleno de empatía y no podia entender por qué gente que en general era buena, no quería discutir sobre estos temas en profundidad. Me llenaba de información y cuando intentaba compartirla, no encontraba nada sino indiferencia”.

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“Es algo muy común”, comenta la psicóloga de Sydney Clare Mann sobre la angustia mental entre los veganos. “En particular durante la primera fase tras hacerse veganos, cuando se dan cuenta de lo absurdo de semejante abuso y superioridad, y después se dan la vuelta y ven a la gente sonriendo y bebiendo una taza de café, y no pueden verlo. Se convierte casi en una crisis existencial. Es como “dios mío, vivo en el infierno y nadie más puede verlo”. Y después está ese estado de alerta y agitación y la gente preguntándose cómo son capaces de describir lo que saben y lo que sienten sin parecer locos o sin que la gente les diga “venga, no seas tonta””.

A pesar de que no existen apenas estudios sobre el vínculo entre veganismo y cuestiones de salud mental, es algo claramente reconocido y sentido en la comunidad vegana.

 

“No creo que haya explorado demasiado en este tema”, comenta Mann. “Lo sé por experiencia propia: escribí un artículo en The Scavenger, en el que preguntaba “¿Debería la gente vegana ser advertida de posibles problemas de salud mental?”. Tengo la sensación de que se harán más estudios al respecto en el futuro, porque como señalo en ese artículo, cada vez se documentan más casos de psicólogos reportando casos de veganos que sufren de trastornos alimenticios, ansiedad, depresión y trastorno obsesivo compulsivo, cuando en realidad el psicólogo no entiende que estos pacientes se ha hecho consciente de una información sobre la que todo el mundo debería estar traumatizado y sentir angustia.

Desencadenantes: el riesgo recurrente

Aparte de la etapa inicial de “iluminación” que empuja a la gente a adoptar un estilo de vida vegano por motivos éticos, la gente vegan también debe lidiar con otro asunto: los desencadentantes. Según la definición del University of Alberta´s Sexual Assault Centre, un desencadentante es algo que activa un flashback, transportando a la persona al evento de su trauma original. En el contexto del veganismo el trauma original podría ser cualquier situación que generase angustia en el individuo y les empujase a ser vegano. O una experiencia posterior que reafirmara aquella decisión posteriormente.

Lógicamente, los desencadentantes son muy personales. Diferentes eventos provocan desencadentantes diferentes según la peraona, y un desencadentante puede ser activado por uno o más de los cinco sentidos: vista, oído, tacto, olor o sabor. Mientras que los desencadentantes pueden ser evitados, es también común experimentarlos de forma inesperada.

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“Tengo desencadentantes así de manera constante, en diferentes grados”, comenta Jeremy. “La gente postea imágenes gore sin un aviso previo y cuando me pilla con la guardia baja tengo que cerrar los ojos e intentar recomponerme”. Para Jeremy, sus desencadentantes están relacionados con los casos de crueldad animal que ha visto en su vida de activismo. “A lo largo de mi activismo me he visto cara a cara con casos de crueldad horrenda”, afirma.

“Por ejemplo, a principios de año fui a Victoria con otros voluntarios de Animal Liberation para apoyar a la Coalición Contra la Caza del Pato (Coalition Against Duck Shooting). Fui testigo de aves maravillosas que eran abatidas mientras los cazadores se reían de su sufrimiento y de las reacciones de los que protestábamos. Dos de los patos murieron lentamente en mis brazos. Su sangre manchó mi torso y mis manos. Mi interacción cara a cara con los cazadores de patos aún me persigue. Su sadismo y apatía son recuerdos hirientes de las dificultades y retos que nos esperan”.

Para Lyndsay, internet puede estar también llena de desencadentantes que le devuelven a los días más oscuros de su activismo. “Los lugares en las que solía entrar para rescatar animales o hacer fotografías, incluían granjas de broiler, de gallinas en batería y de cerdos. Cada vez que entraba en una granja me bloqueaba. Era un torbellino de emociones. Cada vez que veo una foto online, vuelvo a aquellos tiempos”. Quizá no deba sorprendernos que Lyndsay se vea afectada especialmente cuando ve imágenes de granjas porcinas.

“Me transportan más rápido que otras imágenes”, afirma. “Miro a los ojos de los cerdos en esas fotos y recuerdo los momentos cuando estaba dentro de los cobertizos, haciendo contacto visual con los cerdos allí encerrados. Sus orejas blandas, sus gruñidos, lo rápido que devoraban las manzanas que les llevábamos. Pienso en los animales que dejé allí, en cada uno de ellos como individuos. En los que no pude rescatar. No creo que les pueda olvidar jamás.

Buscando ayuda

Incluso entre la población general, existe un enorme tabú en torno a la salud mental. Para la gente vegana, esta cuestión se vuelve aún más complicada. Desde sentirse alienado e incomprendido hasta ser completamente ignorado y trivializado, los veganos pueden tropezar con enormes dificultades, incluso en situaciones de asesoramiento y asistencia psicológica profesional.

“Es un trauma doble o triple”, dice Mann.

Los veganos sienten angustia e intentan explicar a un psicólogo lo que ha pasado, y el psicólogo dice “Dios, debe ser realmente difícil, te entiendo y puedo imaginar cómo es”. Y la persona piensa: “Bueno, si realmente me entendieras te harías vegano. No hay otra forma de que me entiendas, porque si es así, eso significa que eres un sociópata, y cómo puedo ser ayudado por alguien como tú?”

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“Así que hay un trauma terrible, en el que el paciente habla con el psicólogo, y el psicólogo, haciendo su trabajo como podría hacer en otros casos, pensará que existen resistencias en el paciente. O dirá que el paciente está siendo catastrofista, pero esto sucede porque el psicólogo no está familiarizado con la cuestión del especismo. Es un reto enorme”, afirma Mann

“Tengo un gran deseo de que haya más psicólogos y terapeutas veganos para que realmente utilicen los principios de la psicología para ayudar a gente en su proceso de trauma y aflicción. Los psicólogos vegan pueden realmente ser de gran ayuda acompañando a este tipo de pacientes, guiándoles y diciendo “Estoy en esto contigo”.

Mientras sea difícil encontrar un psicólogo o terapeuta vegano, Mann afirma que es importante que los profesionales de la salud mental no minimicen el trauma de la gente vegan. “Este trauma es muy real, y es importante para los individuos saber que sus reacciones no son desproporcionadas, y por las que mucha gente podría criticarles”.

Redes de apoyo entre personas veganas

A medida que el movimiento vegano crece, también lo hace el número de redes de ayuda, incluso fuera del ámbito de la terapia. Desde foros y talleres sobre síndrome de burnout del activista hasta grupos online para quedadas vegan, hay un número creciente de opciones para aquellas que necesiten ayuda.

“Tener a gente alrededor es muy importante”, comenta Mann. “Tener apoyo, sesiones informativas, hablar con otra gente, asegurarte de no convertirte en un misántropo. La gente puede reírse de estas cosas, pero es realmente importante”.

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Pero incluso la interacción con otros vegans y activistas puede provocar angustia mental en los individuos. Las diferencias de opinión y los diferentes enfoques sobre cómo debe ser el activismo puede crear divisiones, agravando el ya intenso sentimiento de alienación y frustración de muchos vegans.

“Me encontré con organizaciones de apoyo a los animales y quise ayudar”, relata Jeremy. “Pero después de un tiempo me volví impaciente con sus enfoques. Sentía que estaban preocupados por molestar, e incluso se mostraban dubitativos sobre si utilizar o no la palabra vegan. Durante este tiempo encontré al Animal Liberation NSW, un grupo al que no le preocupa decir lo que sea necesario, sin importar las posibles adversidades. Me uní a ellos y empecé a ir a reuniones mensuales, en las que se organizaban voluntariados en diferentes tipos de eventos, como protestas, recaudación de fondos y actividades de acción directa”.

Encontrar compañía con la que te sientas identificada y un lugar seguro para simplemente ser, es un elemento importante cuando se trata de mejorar la salud mental de una persona. Grupos de apoyo, redes y eventos también ayudan a lidiar con los sentimientos de alienación, impotencia y desesperanza de los individuos.

 

“Lo último que necesita un activista es desesperanza”, comenta Mann. “Y trabajo mucho en este aspecto, en que la gente supere la desesperanza”. Mann afirma que existen dos aspectos para superar esta sensación de desesperanza a la que muchos vegans se enfrentan de forma periódica. “En primer lugar, se trata de lidiar con la eterna soledad de la travesía vegana, y el dolor de no vivir en un mundo vegano”, comenta.

“Así que, ¿cómo manejar tus propias emociones, reducir tu estrés y ansiedad y no vivir en un constante estado de reacción y de “lucha o huida”? Hay todo tipo de estrategias y técnicas para superar esta situación y devolver a la gente a un estado de auto-control”.

El segundo aspecto, afirma Mann, está relacionado con la comunicación. “Una comunicación efectiva ayuda a reducir el trauma enormemente, por lo que se trata de lo siguiente: ¿Cómo puedo ser competente a la hora de tener conversaciones relevantes?”

“Así que está el auto-control, y después la sensación de empoderamiento que genera el hecho de pensar que puedes ser la mejor voz para una causa, y que eres parte de este movimiento global de cambio social”.

El camino a seguir

Diez años después de aquella noche funesta en la granja de cerdos, Lyndsay afirma que se encuentra mucho mejor emocional y espiritualmente. “Mi salud mental hoy en día está en una situación perfecta, gracias a estar en contacto con mi espiritualidad. Lo que siento es lástima por  aquella chica joven que estaba tan llena de ira y de impotencia”, comenta.

Lyndsay admite que aún es reacia a involucrarse en determinados tipos de activismo en las que solía participar cuando era más joven. “Es un recuerdo de lo que era”, afirma. “Y hay un cierto grado de preocupación de que traerá recuerdos y visiones del pasado. Pero estoy intentando dar algunos pasos con la esperanza de que no quedaré atrapada en aquel rincón de mi cabeza. Es más un temor que una realidad, pero es algo en lo que necesito trabajar de manera constante”.

Como muchas personas vegan y activistas, Lyndsay y Jeremy experimentan fluctuaciones a la hora de reconciliarse con sus sentimientos en torno al veganismo.

“Para bien o para mal, lo que está pasando en el movimiento de los derechos animales conforma mi salud mental”, dice Jeremy. “Algunos días estoy en éxtasis por lo que está por venir. Y otros, estoy frustrado y enfadado por lo que está pasando en el mundo”.

Por fortuna para Lyndsay, el activismo de hoy en día es muy diferentes del que dejó hace 10 años. “Evité cualquier cosa relacionada con el veganismo o los derechos animals durante diez años, hasta que finalmente un día decidí que quería más vegans en mi vida. Después encontré esta fantástica comunidad vegana, con gente tan variada, y tan diferente de quienes conocí cuando entré en el movimiento. He hecho nuevas amigas y amigos, increíblemente inteligentes, creativas y divertidos, y tengo una actitud mucho más positiva sobre la comunidad vegana”.

Lyndsay también descubrió que sus experiencias con no vegans son ahora completamente diferentes. “Ya no se mofan, no te quieren poner en ridículo, no te denigran”, afirma. “En lugar de eso, ahora se sienten curiosos, quieren saber más, escuchan y aprenden. Creo que esto se explica por una serie de factores, como el hecho de que el veganismo ha crecido y se está convirtiendo en algo mainstream, pero también creo que ahora soy una persona diferente con una energía diferente. Nadie quería escucharme entonces, y yo estaba enfadada y era negativa, y ahora sí me escuchan. No creo que se trate de una coincidencia”.

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De forma similar, Jeremy tiene una filosofía que le hace estar resguardado de la negatividad. “Para combatir esos sentimientos me recuerdo que estoy haciéndolo lo mejor posible y que sólo yo tengo el control de mis acciones”, afirma. “Trato de aprender todo lo que puedo para ser el mejor activista posible”.

Jeremy es voluntario en el Hart Acres Animal Haven, un santuario de animales en Nueva Gales del Sur, Australia, y afirma que visitarlo es vital para su salud mental. “Voy allí siempre que puedo y me relaciono con animales que son tratados de la forma de merecen. Siempre salgo de allí con un renovado sentimiento de esperanza”, afirma. “También me rodeo de gente que piensa como yo, que son apasionados activistas. La mitad de mi familia es ahora vegana, mi prometida es vegana y todos mis amigos más cercanos también lo son”.

Además de encontrar tiempo y energía positiva para sí misma, Lyndsay se recuerda a sí misma las cosas que han cambiado y siguen cambiando en el mundo.

“Respiro. Río. Medito. Me recuerdo a mí misma que todo va a estar bien. Todo el mundo va a ser vegan algún día, sólo que a algunos les llevará más que a otros. Pero el mundo está cambiando y se está moviendo hacia el veganismo, es sólo una cuestión de tiempo. El veganismo es inevitable, y además es tendencia”.

TRADUCCIÓN ARTÍCULO: You are not alone: mental health in vegans and animal activists 

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