Félix

Madrinas: Isabel . Padrino: Luis

Fecha de nacimiento: 1 de enero de 2006

Félix es uno de los mayores ejemplos de superación que hemos conocido en el santuario.

Su historia antes de llegar al santuario es similar a la de muchos carneros como él: alquilados para preñar hembras en distintas fincas, allí donde paguen a su “dueño” por sus servicios. Separado una y otra vez de cada familia que forma. Abandonados cuando ya no son rentables.

Félix llevaba tiempo a nuestro lado, sin que supiesemos de su existencia. En la finca colindante con el antiguo santuario de Madrid, un hombre criaba ovejas en un pequeño establo. Periódicamente alquilaba un carnero para que preñase a las ovejas, para posteriormente vender a los bebés que ellas parían. En la misma finca, vivían unos perros, que el hombre utilizaba para vigilar el terreno.

Un día, alertados por los ladridos de los perros, nos acercamos a la finca. Tiempo atrás habíamos vivido un suceso similar: los perros habían atacado a varias ovejas del rebaño, hiriéndolas de gravedad. Por eso, ese día nos esperábamos lo peor. Y no nos equivocamos. 

En el suelo tendido, con graves heridas, se hallaba un carnero. Era Félix. 
Había intentado defender a su familia del ataque y por eso había sido el peor parado. Apenas respiraba, tenía unas mordeduras terribles en la zona del recto, las rodillas destrozadas, en el cuello  múltiples agujeros que dejaban a la vista la laringe. Un espectáculo sangriento que ni nosotros ni él mismo olvidaremos jamás.

Para nuestra desesperación, tardamos cuatro días en convencer a nuestro vecino de que nos dejase traerle al Hogar. Cuatro días en los que Félix se iba debilitando y sus heridas empeorando, cuatro días en los que la vida se le escapaba, en los que nosotros, impotentes, no pudimos hacer más que ir a curarle de vez en cuando, pidiéndole que aguantase, asegurándole que pronto acabaría esa tortura y prometiéndole que lucharíamos por su vida.

Finalmente, tras esos cuatro días, pudimos traer a Félix a casa.

Desde ese momento, comenzamos una lucha durísima. Una lucha primero por recuperar su salud, algo que conseguimos. Luego, la lucha por volver a verle caminar. Operaciones, curas diarias muy dolorosas, ejercicios de rehabilitación acuática, masajes, acupuntura… Félix ha pasado por todo eso sin perder ese brillo en su mirada, demostrándonos que es un auténtico luchador y mostrándonos cada día sus ganas de volver a caminar, de recuperar su vida.

Gracias a Félix hemos aprendido muchísimas cosas acerca de las ganas de vivir de otros animales y también de su capacidad de empatizar entre ellos. Durante sus largos tratamientos, a menudo hemos visto como otros habitantes se acercaban para estar con él, para servirle de apoyo y demostrale todo su cariño, algo de lo que él disfruta y que agradece enormemente, pues le encanta estar en compañía de los habitantes y voluntarios del santuario.

Todos los voluntarios que han coincidido con él en el santuario han sentido como su historia, su lucha y su personalidad les tocaban el corazón. Tras pasar un rato con él durante su terapia diaria, dejando que repose su cabeza en tu hombro, escuchando su tranquila respiración y mirándole a sus ojos, profundos y serenos, que tanto transmiten, Félix te habrá ganado para siempre.

Pese a que ha mejorado mucho desde su llegada al santuario, hoy sabemos que Félix nunca podrá recuperar la movilidad que tenía antes de aquel ataque y por eso hemos pensado en la siguiente solución: una silla de ruedas para él.

Ahora que nos hemos trasladado a Tarragona, a un terreno llano compatible con esa silla, tenemos la esperanza de poder verle pronto correr por su hogar, junto a esos amigos que le esperan desde el día que llegó a El Hogar Animal Sanctuary.

Seguiremos haciendo todo lo posible (y lo imposible) por su felicidad, porque eso es lo mínimo que alguien como Félix se merece.