Perros

Piensa en un “animal doméstico”. ¿Cuál es el primero que se te viene a la mente? Seguramente el perro. Pero, ¿quién domesticó a quién?

Lo cierto es que los últimos estudios apuntan a que fue el perro el que se fue acercando poco a poco al humano, al comprender que le salía más rentable vivir alrededor de sus poblados, comiendo sus sobras, al cobijo de sus rudimentarias murallas, resguardado de depredadores, que arriesgar cada día su vida en los bosques cazando. Es un superviviente, y el hombre terminó comprendiéndolo.

Hoy el perro es “utilizado” de alguna manera por su gran valía. Bien como mascota, por su espíritu sociable y cariñoso, bien como perro de caza, pastor, perro de pelea, perro guía, perro de rescate… todos sus sentidos son explotados o, en el peor de los casos, son maltratados y abandonados. Pero nuestro supuesto mejor amigo no se merece nada de esto, porque ésta no es manera de tratar a los amigos.

Los perros no saben vivir en la calle, han perdido prácticamente sus habilidades de supervivencia por su cuenta. Dejarlos solos es condenarlos a una muerte lenta y agónica, no sólo del cuerpo, sino también del espíritu, porque ellos también sufren el abandono en el corazón.

Pero vivir utilizados por lo que valen tampoco es vida para ellos. Ser golpeados, condicionados, entrenados salvajemente para realizar actividades que no están en su naturaleza ni en sus intereses, coartan su libertad y entristecen su mirada. Ellos deben poder elegir la vida que quieren llevar, dentro de las opciones que les hemos dejado. Y nosotros tenemos la obligación de velar por sus intereses.