Gatos

Existe la falsa creencia de que los gatos pueden sobrevivir de manera salvaje en cualquier circunstancia, pero lo cierto es que, a pesar de la proliferación de colonias en las ciudades, tienen bastante complicado llevar una vida ya no feliz, sino digna. Sobre todo si se trata de gatos que han vivido previamente en cautiverio, y son abandonados a su suerte sin saber cómo defense, cómo buscar comida, dónde refugiarse de las inclemencias del tiempo o cómo escapar de los peligros de la ciudad.

Es habitual que los humanos compremos cachorros de gato para tener como “mascota”. Y es frecuente también que, cuando el animal se hace adulto y ya no es el simpático cachorro que nos enamoró en la tienda, se decida dejar al animal en la calle, junto a una colonia incluso, bajo la creencia de que ahí vivirá feliz. Debemos saber que no es así.

En primer lugar, son demasiados los animales sólos, hambrientos, heridos, que vagan por las calles, que terminan en perreras, que son acogidos por protectoras y asociaciones atestadas… por lo que la opción más ética es adoptar a un gato que se encuentre en estas circunstancias, en lugar de financiar el comercio de animales y fomentar la cría indiscriminada.

Para continuar, debemos poner el chip a nuestro compañero para que, si un día se pierde, tener más opciones de encontrarlo y que no termine malviviendo en la calle. Es también de suma importancia desparasitarlo, vacunarlo, hacerle las pruebas pertinentes y, sobre todo, esterilizarlo. La esterilización evitará que tenga numerosas complicaciones de salud en el futuro relacionadas con las hormonas, pero evitará además traer al mundo más camadas indeseadas, en caso de descuido, pérdida, “noche de aventuras”…

Y, sobre todo, y más importante, pensemos que adoptar es una responsabilidad para toda su vida. Debemos informarnos previamente de las necesidades del animal, de los posibles problemas que nos podremos encontrar, de los horarios, disponibilidad, modo de vida que llevamos y cómo la llegada de ese nuevo miembro de la familia va a afectar a todo ello, tal como si fuera un bebé humano. Y asumir el compromiso de superar con él las enfermedades y sus gastos, disfrutar sus mimos y ronroneos, limpiar sus caca-protesta y sus vómitos, reir sus piruetas y monerías…

Un gato es un maravilloso compañero que nos reportará felicidad pero, si no estamos seguros de que será por toda su vida, es mejor no dar el paso.