El maltrato animal en los belenes vivientes

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Una de las tradiciones más populares de las festividades navideñas es el belén. Su origen se remonta a la Edad Media, más concretamente a la navidad del año 1223. Aquel diciembre, a Francisco de Asís se le ocurrió organizar una reproducción del momento del nacimiento de Jesús. Así que ese año preparó un gran pesebre en una cueva cercana a la ermita de la ciudad italiana de Greccio. Unos días antes de nochebuena, convocó a todo el pueblo para celebrar una misa en el belén.

belenes vivientes

Con el tiempo, esta iniciativa se hizo popular, y surgieron grupos de artesanos que elaboraban las figuras tradicionales del pesebre. Las familias comenzaron a decorar sus hogares con pequeños nacimientos, como símbolo de sus creencias cristianas. También los pueblos empezaron a mostrar grandes belenes con todo lujo de detalles, ubicados en las iglesias o los ayuntamientos locales. Pero el ser humano parece tener necesidad de competir con el prójimo, incluso en aspectos tan íntimos y personales como es la tradición religiosa.  Así que la práctica de montar un belén, representando una humildísima escena rural y costumbrista, se convirtió en una exhibición de opulencia y grandiosidad. A ver quien lo tiene más grande (parece que todos los conflictos del mundo giran, al final, en torno al tamaño). Así de paso, podía sacarse un beneficio, utilizándolo como reclamo turístico.

Los belenes vivientes son una de las alternativas más atractivas para el público. Se trata de escenificar el nacimiento de Jesucristo de la forma más realista posible. Por supuesto, esto incluye el uso de animales, ya que, según la biblia, el niño nació en un pesebre o establo. Así que es habitual ver a algunos animales, formando parte de esta escenografía invernal, atados, soportando el mal tiempo y las bajas temperaturas habituales de la época.

belenes vivientes

Los herbívoros son animales muy sensibles, ya que tienen un instinto huidizo. El impulso de huir y refugiarse en un lugar seguro y tranquilo es muy fuerte cuando se ven expuestos al bullicio de un espectáculo público. Los traslados y cambios de entorno también son motivo de un fuerte estrés. Cientos de personas asisten a estos belenes, artificialmente iluminados, donde el jaleo y la música por megafonía sobrepasan ampliamente los decibelios de un ambiente agradable. La frustración de querer esconderse pero estar físicamente atrapados, genera en los animales (y en los humanos) una ansiedad brutal que suele derivar en indefensión aprendida. Es decir, en un estado depresivo de resignación absoluta. Por otra parte, es frecuente que el estrés paralice el proceso digestivo de los rumiantes, lo que en muchos casos, tiene un pronóstico mortal.

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Además, los animales están expuestos a la crueldad humana, de la cual tenemos muestras a diario, basta con que le echemos un vistazo a cualquier red social o periódico digital. El año pasado se denunció en Cuevas de Almanzora (Almería), una agresión efectuada contra una burra utilizada en el belén, quien presentaba heridas de cortes y arañazos. En 2014, en Lucena (Córdoba) un hombre fue detenido por montarse sobre un pequeño asno bebé, causándole la muerte.

Aunque utilizar animales en belenes vivientes es legal, no cabe duda, que es un acto claro de maltrato. Asociaciones y partidos políticos tratan de ampararse al artículo 337 del Código Penal, donde se expresa que someter a los animales a una situación de estrés, constituye maltrato.

La mayoría de los visitantes de estos belenes son niños. Pequeñas 

belenes vivientes

personas con mentes moldeables que aprenderán que viven en una sociedad construida sobre una jerarquía especista. Y que está bien utilizar animales para fines humanos, como es su propio entretenimiento. Por eso, es fundamental que nos cuestionemos las tradiciones, en tanto que inculcan, de forma indirecta, valores obsoletos, discriminatorios y dañinos.

Os animamos a que este año, si os encontráis con alguno de estos belenes, le expliquéis a vuestros niños que eso no está bien, que los animales no deberían esta allí porque tienen miedo y deben ser tratados con respeto. Y si sois testigos de alguna irregularidad o detectáis que hay sufrimiento en algún animal, no dudéis en avisar al Seprona.

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